-Caballero -informa el agente-, se ha saltado usted un semáforo en rojo.
-Lo siento -responde, azorado, el infractor- pero es que, vera, soy daltónico.
-¿Y qué pasa con eso? -replica el guardia civil- ¿En Daltonia no hay semáforos?
Un chiste al día no hace daño
-Caballero -informa el agente-, se ha saltado usted un semáforo en rojo.
-Lo siento -responde, azorado, el infractor- pero es que, vera, soy daltónico.
-¿Y qué pasa con eso? -replica el guardia civil- ¿En Daltonia no hay semáforos?
"A la salida te espero".
-Disculpe... querría una... una caja de condones.
El farmaceútico, sonriendo, responde:
-Claro que sí, hombre. ¡Pero no sea vergonzoso y quítese la máscara!
-Cura.
-¿Profesión de su madre?
-Monja.
-Vaya... ¿Colgaron los hábitos?
-No. Se los subieron un poco.
Entra en el lugar y observa que hay tres ancianos de cara a la pared, orinando. De uno de ellos salen dos chorritos, del otro salen cinco y del tercero salen dieciocho.
Asombrado, y movido por el ímpetu algo desvergonzado de su edad, interroga a aquellos hombres sobre semejantes portentos.
-En mi caso -dice el primero- es consecuencia de un bayonetazo en mis partes inflingido por un maldito francés en la batalla de Verdún.
-En el mio -expone el segundo- es el resultado de la explosión de una granada italiana mientras luchábamos en Montecasino.
-Pues en el mío -sentencia el tercero- es por culpa de esta bragueta china, que no me la he podido bajar a tiempo.